martes, 27 de enero de 2015

EL GAUCHO: su estreno en México


En Estados Unidos se había estrenado el 21 de noviembre, luego de que tuvo lugar en Los Ángeles una exclusiva première a principios de ese mismo mes. En la ciudad de México se exhibiría hasta el viernes 27 de enero de 1928, en el antiguo cine Palacio, una sala a la que Lupe Vélez solía asistir en calidad de espectadora hacía apenas poco más de un año.


Al día siguiente de su estreno, se podía leer en las páginas del diario Excélsior: "Desde el primer rollo la película encanta", expresaba un entusiasta L. de L. en sus Crónicas cinematográficas, y prosigue más adelante, "Lupe Vélez, de quien tanto se ha hablado, encarna el papel de esta enamorada y nadie puede creer que la estrella del Lírico viva el personaje del modo perfecto que lo vive. Ha empezado por donde otras acaban. Dominio del gesto absoulto, naturalidad extraordinaria, soltura, que sólo con la práctica se consigue y ella ya la tiene, hacen que la actuación de esta mexicana sea algo fuera de lo que generalmente vemos". Para concluir con entusiasmo: "Y termina esta película magnífica con el abrazo amoroso de El Gaucho y Lupe, a la que amaba como el águila ama a sus alas que le sirven para volar".

Durante el otoño de 1927, la revista Cinelandia se había ocupado de su rodaje augurando el éxito que finalmente obtuvo. "Va a causar gran sensación entre la gente de cine y entre el público el día en que se estrene la película. Lupita tiene ya sus entusiastas: los carpinteros, electricistas y extras en el taller prorrumpen en espontáneos aplausos a cada escena que interpreta. Este es un homenaje inapreciable, como que se da en rarísimas ocasiones. Lupita es 49 kilos de fogosa energía. En una lucha con uno de los peones de la película lo dejó rendido de cansancio. La semana pasada tuvo que morder a Douglas Fairbanks en una escena; lo hizo tan bien, que Fairbanks aún lleva las señas del mordisco. La bella mexicana parece llena de fogosa alegría durante todo el tiempo que pasa en el taller. El continuo trabajo no logra enfriar su entusiasmo."
 
 Jules Etienne
 
Las ilustraciones corresponden a la promoción de la película en un cartel sepia, la fachada del cine Palacio antes de que fuera modificada en 1930 y la portada de la revista Cinelandia de septiembre de 1927.

domingo, 25 de enero de 2015

EL GAUCHO según The New York Sun (publicado en Excélsior)

 
He aquí una artista cinematográfica que llega sin que nadie la conozca, sin que nadie la haya elogiado previamente, sin que se diga que es una notabilidad y que con una sola película demuestra que es la mujer del milagro en el cine, pues nadie hasta hoy había podido revelarse en la forma que Lupe Vélez lo ha hecho. Su triunfo en El Gaucho es el acontecimiento cinematográfico más grande que registra el cine en diez años a la fecha.


Publicado originalmente en The New York Sun y reproducido en el
diario Excélsior, de la ciudad de México, el 25 de enero de 1928.

La ilustración corresponde a Lupe Vélez en un fotograma de la película El Gaucho (1927).

martes, 20 de enero de 2015

EL GAUCHO según El Universal


Y anoche en el Liberty vimos personalmente El Gaucho, viendo a Fairbanks en una de sus interpretaciones colosales. Lupita Vélez, la simpática artista mexicana, nos ha demostrado que además de poseer todos los encantos que son de desearse en una artista latina, tiene, además, un gran talento, y esto es precisamente lo que la ha hecho subir tan rápidamente en la escala del éxito. Todavía en julio de este año, Lupita se contentaba con ganar el aplauso de los trasnochadores que acudían a las tandas del teatro Lírico en la capital azteca. Ahí, en la ciudad de los palacios, hizo época. Aquí triunfará también y triunfará en todo el mundo. Cualquiera diría, al apreciar su rápido ascenso, que todo el chiste consiste en tomar billete hacia Hollywood, presentarse ante la cámara y triunfar. Pero quienes sabemos lo que significa la lucha en los estudios, debemos confesar que triunfos como el de la Niña Lupe son únicos en la historia del arte y se manifiestan aislados en cada siglo. Su papel en El Gaucho lo ha desempeñado a la perfección, muy especialmente en las escenitas de los pleitos con el gaucho, que no son pocos por cierto; haciendo gala de esa sangre ardiente y apasionada que corre por sus venas. Lupita, en su primer trabajo cinematográfico hace gala de amor, de odio, de despecho y de arrepentimiento.

Tanto el argumento, la fotografía, la dirección artística y la interpretación de El Gaucho hacen una película que de seguro resultará enteramente para el gusto latino.



Hernando de Olaes, publicado en El Universal, el 20 de enero de 1928.

La ilustración es un fotograma de Lupe Vélez y Douglas Fairbanks
en la película El Gaucho (1928).

sábado, 17 de enero de 2015

El estreno de LA CONGA DE MADAME LA ZONGA

 
La película se estrenó en Nueva York en el antiguo teatro Palace, que desde noviembre de 1932 había sido rebautizado como RKO Palace. En esa sala tendría lugar el estreno de El ciudadano Kane, el primero de mayo de 1941. De manera que sólo habían transcurrido unos cuantos meses desde que el 17 de enero se exhibiera La conga de Madame La Zonga (Six Lessons From Madame La Zonga), y aun cuando no se trataba de una producción del sello RKO, habían cedido a la Universal a sus dos protagonistas: Lupe Vélez y Leon Errol, quienes disfrutaban por entonces del éxito inusitado del serial sobre Carmelita, la mexicana que escupía fuego.
 
Se trataba de una comedia plagada de números musicales en la que también participaba Big Boy Williams, por entonces el prometido formal de Lupe. En uno de los diálogos de la película ella le dice: "No me casaría contigo aunque fueras el último hombre sobre la tierra". Y, en efecto, en la realidad ambos darían por terminado su compromiso matrimonial poco tiempo después de concluido el rodaje.
 
La crítica maltrató esta Conga de Madame La Zonga de manera inmisericorde. Bosley Crowther escribió en el New York Times: "Pero la mayor diferencia entre esta película y otras de la serie es que a Errol no se le ve tan ridículo y Lupe está más ruidosa que nunca. Sugerimos que Madame La Zonga o los guionistas estudien un poco más sus lecciones." Por su parte, Wear en Variety fue un poco más benévolo: "Una película rápida y mal hecha que sobrevive a su pesada y dificultosa trama sólo por la presencia de Lupe Vélez y los esfuerzos de algunos más del reparto secundario".
 

Jules Etienne 

viernes, 16 de enero de 2015

LUPE VÉLEZ COMO MADAME LA ZONGA

 
RKO concedió un breve descanso a su Mexican Spitfire y no dudó en prestar a la pareja Lupe-Errol a Universal. Así, el año concluyó relativamente tranquilo con una rápida minucia musical llamada La conga de Madame La Zonga (Six lessons from Madame La Zonga, título raro si los hay), sacada adelante, es de suponer que sin muchos apuros, por John Rawlins. El título (que en un principio iba a ser Look Out Below) era el mismo de una exitosa canción de Charles Newman y James Monaco, y de lo que se trataba era de acaparar el furor norteamericano por la conga, cada vez más exacerbado por la portuguesa Carmen Miranda. Aún así, todo lo relacionado con la elaboración del filme no fue más que un pésimo negocio. Lupe, naturalmente, era Madame La Zonga, cantante y bailarina del centro nocturno habanero del mismo nombre y del cual era también propietaria. La señora La Zonga era contratada por el poco escrupuloso señor Álvarez (Errol), para que transformara y pusiera al día en los pimentosos ritmos cubanos a su poco dotada protegida Rosita, con el objeto de convertirla en la estrella de un centro nocturno próximo a abrirse en Nueva York.

Esta tontería monumental, no era más que un mero pretexto para el uso indiscriminado de Lupe, "más carcajeante y charlatana que de costumbre", y de un Errol, perdido bajo el grotesco disfraz de cubano que requería el papel. Ambos, a no dudarlo, fueron minímamente exigidos por Rawlins, quien simplemente los dejó moverse a sus anchas a lo largo del film.


Gabriel Ramírez en Lupe Vélez: la mexicana que escupía fuego, publicado por la Cineteca Nacional de México en 1986.

viernes, 9 de enero de 2015

LA DIABLILLA MEXICANA (Mexican Spitfire): la película que definió la carrera de Lupe Vélez


Cuando la RKO Pictures estrenó una comedia menor titulada La señorita ciclón (The Girl From Mexico), en junio de 1939, sus ejecutivos no tenían planeada una secuela. Sólo se trataba de una producción de bajo presupuesto que llevaba a Lupe Vélez en el papel estelar, acompañada por el veterano cómico Leon Errol, entre otros.
 
Más allá de su sorpresivo éxito en taquilla, la película obtuvo el inesperado respaldo de la crítica que, si bien por una parte la advertía como lo que realmente era -un mero divertimento sin mayores ambiciones-, por la otra, exaltaba sus cualidades. Frank S. Nugent en las páginas del New York Times señalaba que "En La señorita ciclón aparece «loopy» Lupe Vélez rebosante de alegría y coquetería luciendo todo su talento natural...", en tanto que Variety publicó una nota que consignaba: "La señorita ciclón tiene un magnífico reparto, una excelente dirección y una buena producción general que hacen sobrepasar su costo. Parece también que va a ayudar a Lupe Vélez a recuperar el terreno perdido..."

Pero sobre todo, sería el entusiasmo del público ante las aventuras de la joven mexicana trasplantada desde la simplicidad campirana a la tumultuosa Nueva York y, requisito indispensable, enamorada del joven que la había convencido de emprender semejante aventura, lo que impulsó a sus productores a filmar de inmediato una primera secuela a la que seguirían otras cinco, hasta agotar todas las posibilidades que permitió el serial.


Así fue como La diablilla mexicana (Mexican Spitfire), repitiendo director y reparto -bajo la misma fórmula de su predecesora para apelar de nuevo a la aceptación del público y la benevolencia de la crítica-, llegó a Nueva York para su première el 9 de enero de 1940 (hoy hace 75 años), y a todas las pantallas tres días después. En México se estrenaría en el cine Olimpia el 15 de febrero de ese mismo año.
 

Sin embargo, la mayor repercusión que tuvo para la carrera de Lupe Vélez, fue que le proporcionó el mote con el que se le reconocería durante el resto de su vida: The Mexican Spitfire, que equivale a «la mexicana que escupe fuego», en nuestro idioma. Como todavía es conocida hasta nuestros días, más de setenta años después.

 
 
Jules Etienne

miércoles, 31 de diciembre de 2014

LA VERDAD DESNUDA según el New York Times

 
Aunque se había estrenado desde el 16 de diciembre en el cine Mayfair, propiedad de RKO Pictures, que era la compañía productora de La verdad desnuda (The Half-Naked Truth, 1932), película dirigida por Gregory LaCava, por alguna razón la crítica correspondiente apareció publicada en el New York Times hasta el día último del año, el 31 de diciembre de 1932.


"Un extenso pasquín sobre el culto a la celebridad, La verdad desnuda estelarizada por Lee Tracy como un merolico de feria y Lupe Vélez como una bailarina. Tratando de alcanzar la luna, Tracy hace pasar a Lupe como una exótica princesa extranjera y se las arregla para cubrir con ese paño los ojos de todo Manhattan. Ahora "famosa por ser famosa", Lupe es contratada por Frank Morgan, quienes un empresario del tipo Ziegfeld. Cuando el fraude se revela, Tracy retorna a las ferias, con Lupe (quien está enamorada de él desde el primer rollo de la película) a su lado.
...
La verdad desnuda contiene grandes dosis de buen humor, basada en incidentes contenidos en el libro de David Freeman: una recopilación de anécdotas del difunto agente de prensa Harry Reichenbach. El ritmo del relato es fluido y Lee Tracy como el publicista maravilla, ofrece una caracterización imaginativa y plena de energía, aunque tal vez la película hubiera resultado mejor si los productores se hubieran apegado más a la historia real eliminando algunas de las extravagancias que aparecen en la pantalla. El episodio del león dentro de la caja de madera, que todos suponen contiene un piano y que es llevado al cuarto del hotel, es sin duda efectivo, pero no cabe duda que hubiera sido más gracioso de haberse filmado tal y como ocurrió.
...
La vital presencia de Lupe Vélez resulta admirable en el papel de Teresita."


Mordaunt Hall, publicado en el New York Times el 31 de diciembre de 1932.



Las fotografías corresponden a Lupe Vélez y Lee Tracy en una escena de la película,
al cine Mayfair en Nueva York y a Lupe Vélez caracterizada como Teresita. 

lunes, 29 de diciembre de 2014

LA VERDAD DESNUDA: la mejor película de Lupe Vélez


Fue así, de esta manera, surgiendo entre líneas en el guión y contra los convencionalismos de la trama, que La Cava conseguiría de Lupe y su personaje Teresita, la primera imagen verdadera de lo que ella llegaría a convertirse siete años después para la historia del cine. Tratándose de los primeros bocetos, la imagen cinematográfica se mostraba aún borrosa y algo tímida, pero no cabía duda de que definitivamente era la que Lupe quiso siempre proyectar para hacer creer que así era realmente. Al final, admitiría que nunca como en La verdad desnuda se había divertido tanto disfrutando un papel que le gustó caracterizar porque sencillamente se trataba de alguien que era como ella misma.

El guión, de Corey Ford y Bartlett Cormack, estaba basado en una historia de Ben Markson y H. N. Swanson libremente adaptada del reciente éxito de librería, Phantom Fame, un compendio de la vida y milagros de Harry Reichenbach escrito por David Freedman (...)

Pero el film no pretendió para nada llevar al cine la biografía de este pionero desconocido, sino simplemente utilizar algunas de sus anécdotas y chismes para poderle dar cuerpo a una historia rica en situaciones y personajes inteligentemente observados. Con el paso del tiempo, La verdad desnuda parace haber llegado a convertirse en una de las mejores comedias de LaCava y, casi con seguridad, en el mejor film de Lupe. En esta divertida crónica de costumbres y crítica amable del submundo teatral neoyorquino de principios de los treinta, Lupe dejaba por fin de metamorfosearse para comenzar una transmutación que la aproximaría a su personaje con una semejanza que llegaba a la identidad más defintiva. Al mismo tiempo que esto ocurría, empezaba la parodia y la burla de sí misma; o para todo caso, de la Lupe Vélez pública que a ella le gustaba mostrar que era y que con tanto esmero había ido creando desde su llegada a Hollywood. E incluso antes, a decir verdad.


Gabriel Ramírez en Lupe Vélez: la mexicana que escupía fuego, publicado por la Cineteca Nacional de México en 1986.

La ilustración corresponde a Lupe Vélez caracterizando a la balilarina Teresita en un fotograma de la película La verdad desnuda (The Half-Naked Truth, 1932).

viernes, 26 de diciembre de 2014

Harry Reichenbach: FANTASMA DE LA FAMA


Harry Reichenbach fue un publicista legendario que se desenvolvió en el mundo de los espectáculos. Entre los nombres más famosos que promovió se cuentan los de Rodolfo Valentino y Gloria Swanson. Uno de sus primeros trabajos fue como representante de una mujer a la que anunciaba como Sobria Sue, porque nunca sonreía. En un teatro de Broadway ofreció mil dólares -que a principios del siglo XX eran una verdadera fortuna-, al comediante que lograra hacerla reír. Lo que no les advirtió era que la dama en cuestión padecía de un cierto tipo de parálisis facial conocida como síndrome de Moebius, que le impedía manifestar la risa.

Luego de fundar su propia empresa de relaciones públicas, en el aparador de una tienda especializada en litografías y reproducciones de cuadros famosos, se topó con el desnudo titulado Amanecer en septiembre, de Paul Émile Chabaud, e hizo un trato con el dueño garantizándole que se venderían las dos mil copias de esa litografía que tenía en bodega. Procedió a denunciarla por su "evidente inmoralidad" con Anthony Comstock, uno de esos exaltados puritanos que encabezaba la organización denominada Sociedad contra el Vicio, en Nueva York, y el mismo día en que lo llevó a mostrarle la imagen contrató a un par de jóvenes para que permanecieran frente al aparador mirando con lascivia la reproducción al momento en que aquel llegara. Como era predecible, un iracundo Comstock, procedió a demandar a ese negocio. Pero no sólo perdió el caso ante la corte, sino que el escándalo atrajo la atención pública sobre la obra en cuestión, de manera que se agotaron sus existencias. Reichenbach se embolsó doscientos dólares de comisión, además de que el original de dicho cuadro acabaría en el Museo Metropolitano de Arte como uno de los ejemplos más notables del arte kitsch.

Tiempo después, también consiguió que uno de los actores que representaba, Francis X. Bushman, fuera contratado para interpretar al villano Massala, la contraparte de Ramón Novarro en Ben Hur, la superproducción más costosa en la historia del cine mudo, mediante un ingenioso truco: cuando tenían la cita con los dirigentes del estudio, llenó sus bolsillos con monedas, las cuales iba arrojando al suelo mientras caminaban, por lo que los transeúntes empezaron a seguirlos para recoger las monedas que caían. Al llegar ante los ejecutivos de la Metro Goldwyn Mayer, una multitud los iba siguiendo y daba la impresión de que Bushman era una figura muy popular.

Sobre ese personaje, peculiar y extravagante, David Freedman escribió un libro biográfico: Fantasma de la fama (Phantom Fame), que sirvió para inspirar el guión de una comedia que la RKO Pictures produjo en 1932, bajo la dirección de Gregory LaCava, con Lee Tracy y Lupe Vélez en los estelares: La verdad desnuda (The Half-Naked Truth).


Jules Etienne

La ilustración corresponde a Lupe Vélez y Lee Tracy en un fotograma de la película La verdad desnuda (The Half-Naked Truth, 1932).

miércoles, 24 de diciembre de 2014

LA TIGRESA ROSA inauguró el teatro Beacon de Nueva York


El famoso teatro Beacon de Nueva York -que todavía se encuentra abierto al público en Broadway y figura en el registro de lugares históricos-, fue inaugurado el 24 de diciembre de 1929 con la exhibición de la película La tigresa Rosa (Tiger Rose), protagonizada por Lupe Vélez, Monte Blue y el perro Rin-Tin-Tin. Se trataba de una cinta de aventuras cuya acción transcurre en la provincia canadiense de Manitoba y su protagonista es miembro de la policía montada. Se basaba en la obra teatral homónima de Willard Mack*, sobre la cual ya se había filmado una versión muda en 1923: La tigresa de la zarpa roja.


Originalmente la sala había sido diseñada para la proyección de películas silentes, pero con el advenimiento del cine sonoro se vieron en la necesidad de llevar a cabo modificaciones que retrasaron la fecha original de su apertura, hasta la citada navidad de 1929.

La publicidad de la cinta durante su semana de estreno invitaba al público a recibir el año nuevo con La tigresa Rosa: "Ring in the New Year with Monte Blue and Lupe Vélez in Tiger Rose". En otras salas de Estados Unidos la película se había estado exhibiendo desde el 21 de diciembre.

En México la película se estrenaría hasta el 5 de junio de 1930, en el mismo cine Palacio en cuyas marquesinas ya se había visto brillar el nombre de Lupe Vélez durante las exhibiciones de El gaucho, en enero de 1928, y Canción de amor, en febrero del año siguiente.


Jules Etienne

*Casualmente, cuando Lupe llegó por primera vez a Los Ángeles, fue con la intención de participar en La paloma, una pieza del mismo autor, que dirigía y protagonizaba Richard Bennett. Aunque el contraste entre los 53 años de éste y los dieciocho que por entonces tenía ella, impidieron que se quedara con el papel y fue Dorothy MacKaye la actriz que apareció durante el estreno de la puesta en escena en el teatro Belasco. En 1934 el productor David O. Selznick le ofreció el mismo papel a Dolores del Río para la respectiva versión cinematográfica pero lo rechazó por "razones mexicanas" (for mexican reasons, fue su respuesta).

lunes, 22 de diciembre de 2014

LA TORMENTA en Europa


La tormenta se exhibió en España con el título de Los cautivos y se estrenó hasta enero de 1932.

 

El famoso cine Trocadero, auténtico palacio de la exhibición, con 3,500 butacas y elegante decoración estilo renacimiento francés, fue inaugurado en Londres el 22 de diciembre de 1930 con un doble programa -era como se acostumbraba entonces-, que incluía la producción británica Bed and Breakfast, con Jane Baxter, y La tormenta, protagonizada por Lupe Vélez.



La fotografía corresponde al interior del Cinema Trocadero cuando se inauguró en Londres en 1930.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Lupe Vélez: MUERTE Y MITO


No es fácil ser estrella de cine, y si no, que se lo pregunten a Clara Bow o a Buster Keaton, que acabaron en el manicomio, a Olive Thomas*, el primer gran escándalo en la cuenta de Hollywood, a Marilyn... o a Lupe.

La expresión hecha lugar común lo denomina "el precio de la fama", la vida hecha película lo cobra como arancel: las veinticuatro mentiras por segundo, una por cada hora del día, que nos cuenta el cine.

Resulta difícil para un ser humano cualquiera, de pronto verse convertido en la materia de la que se nutre la fantasía de los adimiradores que convierten su existencia en mero deseo, aunque para esos pocos elegidos, beneficiarios de la fama, objeto de la envidia ajena, su vida, a partir de ese momento, deja de pertenecerles.

Lupe emprendió la aventura de Hollywood aún adolescente, a los diecisiete años: "Por fin llegué a Los Ángeles, sola, con muchas ilusiones y ningún dinero". Al poco tiempo comenzaría su propio cuento de hadas, el mismo que vivieron antes que ella, Gloria Swanson y Greta Garbo. Jóvenes humildes, anónimas, que se transformaron en diosas anheladas por las masas que pagan su boleto de entrada para adquirir el derecho de soñar con ellas. Por eso les resulta tan difícil advertir cuando han perdido su condición de mito inalcanzable. Se resisten a aceptar el hecho de haberlo tenido todo para luego regresar a ser otro nadie, como cualquier mortal.

Lupe fue acusada por los críticos de cine -esos parásitos que viven del éxito y el fracaso ajenos-, de haber tenido una carrera mediocre, de no haber hecho nunca una gran película. Pero, en cambio, ella podía presumir algo a lo que muchas otras actrices habrían aspirado: fue dirigida por D. W. Griffith, Tod Browning y William Wyler; por los fabricantes de epopeyas más célebres de su época, Cecil B. De Mille y Victor Fleming; se divirtió filmando con Hal Roach o cantando y bailando con Gregory LaCava y Woody Van Dyke. Filmó varias películas en Inglaterra y cuando viajó a México para el rodaje de La Zandunga, su recibimiento, la devoción manifestada por el público, alcanzó tal nivel de apoteosis, que acabó por admitir: "Nunca pensé que los mexicanos me quisieran tanto".

Si bien es cierto que la lista de sus abundantes amoríos supera, por mucho, a su filmografía, los nombres de Douglas Fairbanks, Clark Gable y Errol Flynn, no son poca cosa. Gary Cooper fue la gran pasión de su vida y Johnny Weissmuller, el entrañable Tarzán en blanco y negro de tantos matinées infantiles, el hombre que, sin duda, más la quiso: Soy una persona diurna, ella es nocturna. Le encantan las fiestas, yo las odio. Bebe y fuma constantemente, yo no. Disfruto cuando estoy en el agua nadando o navegando, en cambio a ella no le gusta el agua... pero nada de eso me importa porque de veras la amo.

Su muerte a los treinta y pocos años era inevitable. No se puede lucir eternamente joven cuando se ha alcanzado la senilidad. Por eso recordaremos siempre a Marilyn o a James Dean tal y como los vimos en las películas. No dejaron descendencia que nos permitiera imaginarlos abuelos. Ellos, como Lupe, adquirieron la condición de irreales. Su vida, decía al principio, dejó de pertenecerles, formaba parte del imaginario colectivo, era del dominio público. Entonces, la única posesión que todavía les quedaba, ajena a los demás, era su propia muerte. Tal vez de ese modo lo pensaron y procedieron a consumarla.

El sueño de Guadalupe Villalobos llevó por nombre Lupe Vélez. Así es como ha sobrevivido cada vez que aparece en la pantalla: siempre joven. Eso no es vida ni muerte, es pura magia.

Si la vida de Lupe Vélez se merece una novela, su muerte es leyenda.


Jules Etienne

(Los textos en cursivas forman parte de la novela Una serenata para Lupe).

*Olive Thomas fue designada la mujer más hermosa de Nueva York en 1914, a la edad de veinte, y pionera en el uso del término cover girl ya que sería portada de revistas de la época como el Saturday Evening Post. Dejó huella durante su breve carrera en el cine silente como baby vamp: por ella se acuñó el término flapper, que después se volvería de uso común. Estaba casada con Jack Pickford, su segundo marido, cuando se suicidó en un lujoso hotel parisino, un mes antes de cumplir veintisiete años.

lunes, 15 de diciembre de 2014

José Alvarado: RECUERDO DE LUPE VÉLEZ (fragmentos)


La adolescencia de Lupe Vélez brotó en medio de los relámpagos de un México todavía turbulento y asombrado. Había olor a pólvora en el aire y las monedas de oro rodaban sobre las mesas de mármol del Café Colón. Las luces eran ingenuas y los capitanes solían apagar los focos a balazos. Se bailaba el fox-trot y los tangos gemían en las pianolas. Lupe Vélez fue una estrella del Chárleston. En los Estados Unidos refulgían las letras doradas de la palabra prosperity y en Europa se discutía, una vez más, sobre el desarme.

La revista acababa de expulsar una opereta y una zarzuela que sólo la gente del viejo régimen se empeñaba en recordar. Lupe Vélez fue una de las estrellas de esa revista incipiente, en cuyos diálogos los optimistas creían encontrar los gérmenes del teatro mexicano. Un grupo de jóvenes había llegado a los puestos públicos y desde ahí hablaba por primera vez de la técnica.
...

La Lupe Vélez del Teatro Lírico no buscaba la alegría fundamental porque la llevaba dentro de sí misma. Su mundo era breve; pero diáfano y fragante. La Lupe Vélez de Hollywood sí la buscaba. Su orbe se había vuelto inmenso y complicado, oscuro y contradictorio. La prosperity yacía, marchita, entre los fragmentos amarillos de los periódicos viejos y la guerra tocaba a todas las puertas. Los árboles parecían ancianos rencorosos y las flores se convertían en ceniza multicolor.

Muchas cosas deben haber muerto prematuramente dentro de Lupe Vélez. Muchas luces deben haberse apagado y tal vez una mañana se le fue la esperanza. Lupe Vélez se convirtió en uno de los seres más tristes de su época.

No era, por cierto, el único caso; pero sí uno de los más notorios. Por eso, tal vez, como otras tantas muchachas ignoradas y ciegas, dejó la existencia por una puerta sombría. El mundo se le había derrumbado antes. Un mundo frío, seco y gris.


José Alvarado, publicado en el diario Excélsior,
el 16 de diciembre de 1959.

domingo, 14 de diciembre de 2014

ADIÓS, LUPE


Según el acta de defunción, Lupe Vélez Weissmuller tenía 34 años de edad al momento de su muerte, la madrugada del 14 de diciembre de 1944. El reporte consigna las 8 de la mañana, que debió ser la hora en que llegaron a su casa. Queda claramente asentado el suicidio por envenenamiento causado por la ingestión de tabletas de Seconal. Llevaba 18 años y medio de residir en Los Ángeles. El documento fue firmado por el médico legista, Frank A. Nance, y el alguacil V. I. Wellage.

Su cuerpo sería trasladado a la capilla de la Resurrección de Cristo, en el cementerio Forest Lawn Memorial Park, el 21 de diciembre. Al día siguiente, en el oratorio de una agencia funeraria, se rezaron cinco padres nuestros y cinco aves marías por el descanso de su alma. Se le negaron las honras fúnebres del ritual católico porque cometió suicidio.


Jules Etienne

sábado, 13 de diciembre de 2014

Capítulo 1: DESPEDIDA EN VOZ BAJA (La última madrugada)


Eran casi las cuatro y la señora Kinder la esperaba despierta. Todavía le preguntó si se le ofrecía algo, pero en realidad Lupe no necesitaría gran cosa, acaso un frasco de seconales y redactar unas notas de despedida. A veces me siento como si tuviera cien años, como si fuera una anciana lista para el asilo. ¡Dios santo! ¿Cuánto habré vivido que ni siquiera lo noté? Entre tanto frenesí, había dejado de sumar los trozos de sueños y pesadillas para sustraer una última resta con lo que ya nunca sería.
 
Empezó a escribir con su letra de rasgos infantiles, unas líneas para Harald y recordó el día en que lo había conocido. ¿Por qué tuviste que atravesarte en mi camino? ¿Cómo fui a enredarme con un inútil como tú? Su arraigado catolicismo se empecinaba en convencerla de que la vida es como un mapa trazado por un ser supremo y es muy poco lo que puede hacer la voluntad. Había vivido y moriría bajo la sombra de su determinismo religioso. Y pensar que hasta llegué a imaginarme que juntos podíamos compartir una vida y que la llamaríamos nuestra.Entonces, como el espectador que acude a la proyección de una película para descubrir con sorpresa que es su propio espectro en la pantalla y aunque reconoce los pasajes de su vida, le parecen ajenos, se vio a sí misma la mañana en que había visitado el foro en el que filmaban El Pirata y la dama para encontrarse con Arturo de Córdova, cuando un desconocido llamó su atención: un joven aventurero, atractivo, de origen confuso y pasado fantasioso. Supuso que era ideal para provocar en de Córdova la ignición de los celos. Sin embargo, se equivocó, éste mantuvo la tibieza y fiel a su estilo habrá dicho con indiferencia: "No tiene la menor importancia", para dar vuelta a la página y cerrar el capítulo que llevaba el nombre de Lupe Vélez. Estoy tan cansada de todo el mundo. La gente cree que peleo por capricho, por puro gusto. pero en realidad siempre he tenido que pelear por todo. Desde que era una niña no he hecho otra cosa que pelear.
 
A través de la ventana percibió una brisa templada que provocaba el murmullo de las hojas al caer presagiando el fin del otoño. A la distancia se escuchaba la tonada de Serenata a la luz de la luna. Algún vecino debería estar rindiendo una suerte de homenaje premonitorio a Glenn Miller, quien desaparecería al día siguiente en un vuelo militar que nunca llegó a París, su destino original, tal vez derribado por la artillería alemana. Eran tiempos de guerra, pero Lupe ya tenía la suya propia como para todavía andar pensando en las guerras ajenas. Había luchado tanto y estaba por perderlo todo.
 
Ni siquiera tengo derecho de quejarme. Pude ver cuando brillaba mi nombre en las marquesinas de los cines, tuve todos los abrigos y las joyas que se me dio el capricho de que fueran míos, hombres a los que jamás conocí se enamoraron de mí, me escribieron cartas de amor apasionadas a las que respondí enviándoles fotografías con alguna dedicatoria. En mi cama, esta misma cama que mandé hacer a la medida de mi antojo, se acostaron hombres con los que tantas mujeres se tienen que conformar apenas con soñarlos.
 
Su memoria se aferraba a lo que aún le quedaba de vida, en un tramposo acto de prestidigitación para que vomitara los setenta y cinco seconales junto con los recuerdos que ahora se enredaban en desorden y escuchó con la nitidez del presente las voces de aquellos que habitan en los huecos que va dejando el tiempo en la memoria, ésos que permanecieron durante años en el olvido, y ahora recuperaban la forma de sus rostros mientras que un eco con el sonido de su voz, de cada palabra dicha, de cada risa, rebotaba en las paredes del pasado como si no hubieran transcurrido tantos años...

 

Jules Etienne

lunes, 24 de noviembre de 2014

Un 24 de noviembre, hace casi ochenta años (1935)


A fines de ese año, el 24 de noviembre, una Lupe a la última moda y cargada de brazaletes y baúles arribaba a Nueva York después de un largo recorrido por Sudamérica que había comenzado en julio en Buenos Aires. Bromeaba feliz con los periodistas confesando abiertamente que los extrañaba a todos pero más a Weissmuller y sus peleas con él, las cuales "francamente me provocan placer". Junto a "la pequeña y fogosa actriz a hizo subir la temperatura hoy en Nueva York", se encontraba Johnny, algo incómodo pero sin perder su estereotipada sonrisa profesional, declarando que había emprendido el viaje desde California expresamente para recibirla.

Gabriel Ramírez en Lupe Vélez, la mexicana que escupía fuego
(página 108).

La fotografía es de Lupe Vélez y Johnny Weissmuller

sábado, 22 de noviembre de 2014

EL GAUCHO, un vaquero argentino: The New York Times


Hay algunos escenarios magníficos en esta producción, que reúne gauchos, seguidores de su jefe, y también a los uniformados en el ejército del usurpador. El principal punto de interés es la ciudad de los Milagros, que ha sido tomada por El Gaucho y sus hombres.
 
Mr. Fairbanks no es menos ágil aquí que en otras de sus películas; tal vez hasta tiene más oportunidad de desplegar su agilidad, no solamente cuando salta con asombrosa rapidez sobre su silla de montar, sino también cuando escapa de su celda en la prisión haciendo unas cabriolas que hasta un simio le envidiaría. Trepa a los árboles mejor que un isleño de los Mares del Sur, para entonces balancearse de rama en rama hasta finalmente arrojarse sobre un árbol más pequeño y caer suavemente en tierra.
(...)
 
Lupe Vélez hace el papel de la montañesa, temperamental y explosiva. Como quiera que vaya, en harapos o encajes, devuelve golpe por golpe a los hombres que se atraviesan en su camino o provocan su ira. Ella también salta en el caballo, sin importar ni por un instante si va ataviada con sedas y encajes. Se lanza sobre El Gaucho para responder a sus burlas y en una escena le abofetea y lo muerde, misma que termina de manera súbita con ambos compartiendo una manzana. Miss Vélez de veras ofrece una caracterización excelente como la montañesa, por lo que resulta un poco extraño que al final se someta con tanta facilidad, cuando se convierte en la novia de El Gaucho.
 
 
Mourdant Hall en The New York Times, publicado el 22 de noviembre de 1927.

 Traducido al español por Jules Etienne)

 La ilustración corresponde a Douglas Fairbanks y Lupe Vélez,
en un fotograma de la película El Gaucho (1927).
 
La crítica original en inglés puede leerse aquí en su versión íntegra:

viernes, 21 de noviembre de 2014

Capítulo 4: ...Y SE HIZO EL SONIDO (fragmento inicial)



- ¡Esperen un minuto! ¡Todavía no han escuchado nada!

Sorprendía la voz de Al Jolson a los asistentes durante la proyección de la película El cantante de Jazz, en el Teatro Warner de Nueva York. Era el primer jueves de octubre de 1927. El cine, al igual que los seres humanos, había aprendido a moverse con torpeza y a dar sus primeros pasos, antes de balbucear unas palabras. Sam Warner, a quien se le conocía como "el padre del sonido", no alcanzó a presenciarlo. Murió el día previo al estreno de la película, el 5 de octubre.

Transcurrieron tan sólo unas cuantas semanas, y a finales de noviembre también se estrenaba El Gaucho. Filmada bajo los cánones de las producciones silentes sería, junto con otro puñado de películas mudas, la última bocanada de un estilo de hacer cine y, por consecuencia, de verlo. Envuelta en su propia paradoja, la pantalla se llenó de sonidos: voces, música y ruidos incidentales, mientras que el público enmudeció, las pianolas callaron y ahora había que observar la acción en completo silencio para comprender los diálogos.


Jules Etienne

La ilustración corresponde al exterior del Teatro Warner la noche en que se estrenó El cantante de Jazz, el 6 de octubre de 1927.

El Gaucho se exhibiría a partir del 21 de noviembre de 1927 en los Estados Unidos. En la ciudad de Los Ángeles en el por entonces recién inaugurado Gauman's Chinese Theatre.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

El erotismo en EL GAUCHO


Bruce Lucky Humberstone, quien era el director asistente en Mi chica favorita (y después en La máscara de hierro y La fierecilla domada), recuerda: "Doug había empezado un gran romance con Lupe Vélez cuando estaban filmando El Gaucho y por supuesto todo el estudio lo sabía." Como resultado de eso, el film está cargado con un erotismo y una energía sexual ausentes en otras de las producciones de Fairbanks. En parte debido a ello, la Montañesa es el más pleno de todos los caracteres femeninos en el cine de Fairbanks. Vélez, después conocida como the Mexican spitfire, está al parejo de Fairbanks toma tras toma, con los brazos en jarras, el pecho palpitante y los ojos centelleando, ella es, en todos los aspectos, igual al gaucho de Fairbanks. Tan es así que en una crítica de la época se le denominó la Fairbanks femenina.
(...)

La electrizante escena del tango, que se ve al principio de la película, es reminscente del famoso tango que Rodolfo Valentino baila en Los cuatro jinetes del Apocalipsis y casi alcanza su misma potencia. Fairbanks puede carecer de la ardiente ambigüedad sexual de Valentino, pero la seguridad fanfarrona de su despreocupada masculinidad, cautiva. Usando las bolas gauchas para enredarse con ella, Fairbanks fuma a lo largo de toda la secuencia, burlón, sujetando su cigarrillo entre los dientes, recogiéndolo con su lengua en la orilla de su boca antes de besarla, para entonces empujarlo de nuevo con sus labios, soplando el humo en su cara. (Este gesto con el cigarrillo fue más tarde usado por Gene Kelly en El Pirata, de Vincente Minelli). Las metáforas sexuales son claras y evidentes, y los dos bailan con una innegable carnalidad. La secuencia del tango al rojo vivo era tan importante para Fairbanks, que el coreógrafo Henry Barsha fue contratado especialmente para hacer de los pasos del tango americanizado uno de los momentos más brillantes de la película.
(...)

El Gaucho y la Montañesa son frecuentemente belicosos en sus escenas románticas. Un crítico describió sus acercamientos eróticos como una "pelea entre pugilistas". Su atracción animal y su combatividad carnal fueron una fresca propuesta a las escenas amorosas en el cine de Hollywood.


 
 Publicado en la biografía Douglas Fairbanks, de Jeffrey Vance, Tony Maietta y Robert Cushman (University of California Press: Academy of Motion Pictures Arts and Sciences, 2008).



(Traducido al español por Jules Etienne)

Las ilustraciones son fotogramas de Lupe Vélez y Doglas Fairbanks en El Gaucho (1927).

lunes, 17 de noviembre de 2014

Capítulo 1: DESPEDIDA EN VOZ BAJA (fragmento sobre el tango en El Gaucho)


- Es que el cine es el futuro, el mundo entero se va a transformar gracias a la mirada de la cámara.

- Tú estás enamorado del cine.

En el fondo, a pesar de que no quería admitirlo, también ella se sentía contagiada por ese mismo virus que latía en las imágenes surgidas del nitrato de plata, autoincandescente como el propio temperamento humano. Sentada en una butaca del cine Palacio se imaginaba su rostro sobrepuesto al de la actriz en la pantalla. No iba a tener que esperar ni siquiera un par de años para que en esa misma sala de la calle 5 de mayo, en el corazón de una ciudad que todavía se preciaba de ser la región más transparente del aire, los más de dos mil espectadores sentados en su lunetario y el anfiteatro, vieran cómo, en la película El Gaucho, era precisamente ella, Lupe Vélez, la compañera de aventuras de Douglas Fairbanks… Lo miré como se mira al ser amado y le dije: “Toda mi vida he soñado con verte. Siempre has sido mi héroe. ¡Gaucho mío!”, me abrazó sin dejar de fumar y recosté mi cabeza contra su pecho, “¡Gaucho mío!”, se lo podía repetir hasta el cansancio, mientras que la presumida esa trataba de conquistarlo desde el balcón con su baile flamenco y hasta una flor le arrojó entre besos, pero ese Gaucho tenía que ser mío, entonces fue cuando él giró sus boleadoras para enredarnos y bailamos un tango, bien apretados uno contra el otro, porque el Gaucho me pertenecía… Y ella sería el objeto de su amor en la película y de sus deseos fuera de ella. Por lo pronto tenía que conformarse con fantasear, esforzarse por aceptar lo que Bermúdez le aseguraba, como antes ya también se lo habían dicho Jorge Loyo y el Panzón Soto, que estaba destinada a algo muy especial porque Lupe no era como las  demás.
 
 
Jules Etienne